¿Qué
ocurre cuando en vez de cambiar una cultura organizacional lo que se
crea es una subcultura dentro de la organización?
Cambiar
una cultura es algo altamente improbable. A base de esfuerzo, los
elementos de la organización consiguen pequeños cambios día a día
que derivarán con el tiempo en el cambio de la cultura inicial y
vayan generando las raíces para una nueva cultura (evolución de la
otra).
Ahora
bien, cuando en vez de esto, lo que se busca es generar una
subcultura dentro de la cultura organizacional, la cosa cambia.
Eminentemente el proceso de crear una subcultura es más rápido que
el de cambiar la que hay y por eso existe mucha tendencia en los
seres humanos a crear una subcultura.
Por
definición nace como un nivel inferior a la cultura organizacional
existente, pero ¿podría ir contraria a ésta? Perfectamente.
Las
subculturas sientan sus bases, sus raices, desarrollan sus creencias
y generan sus propias pautas de conducta. Deberían ir en consonancia
con la cultura de la cual derivan pero puede que esto no ocurra.
El/los creador/es de la subcultura se endiosan de forma consciente y
empiezan a actuar con un estado de mando que no tiene porque ir en la
misma dirección que la cultura organizacional de la que forma parte.
¿Debe
permitir una organización que se creen subculturas dentro de ella?
En
principio, está claro que no y raras veces las subculturas derivan
en algo positivo para la organización. Además puede darse el caso
de que ésta no tenga constancia de aquellas con lo cual menos podrá
ponerles coto.
¿Qué
hace una organización cuando se percata de que existe una
subcultura?
Por
norma general no la corta de raiz. Lo primero que hace es observar
como evoluciona con lo cual se le está dando ciertas ‘alas’ a
los que dirigen estas subculturas siendo muchas veces elementos no
preparados para ello.
Según
evolucione, la organización puede tomar dos decisiones:
a)
Cortarla de raiz, con lo cual los elementos deben volver a los
principios de la cultura organizacional.
b)
Permitirla o incluso fomentarla, con lo cual permite su extensión y
en alguna ocasión acaba imponiéndose a la cultura organizacional de
la que procede.
¿Cuál
es el riesgo entonces para una organización si aparecen estas
subculturas?
Básicamente
parten de un problema inicial, que es el de permitir que dos
elementos iguales de la organización se rijan por diferentes
culturas (normas, experiencias y valores), con lo cual la desigualdad
como motivo de controversia ya está creada.
Permitir
el que una subcultura aflore es en principio una delegación de
funciones, aunque sería mejor dicho decir que es una dejación de
funciones. Se está dejando a algunos elementos de la organización
que actúen de una forma para lo cual no han sido direccionados. Se
está presuponiendo la existencia de unos presuntos líderes que
pueden dirigir estas subculturas, pero ¿quién los ha preparado para
ello?
Cualquier
persona más o menos coherente que entra a formar parte de una
organización, y más si tiene madera de líder, y choca con la
cultura organizacional, en buena lógica lo que buscará es ir
cambiando esta cultura en la medida que pueda para que todo el mundo
se vaya adaptando. No conozco aún el caso de una persona cuando se
incorpora a una organización y tiene divergencia de opiniones, que
lo primero que haga es generar una subcultura. Malo que esto ocurra.
Y
peor se pone la cosa cuando para imponer una subcultura y sus valores
se utiliza la presión, la fuerza o medios agresivos.
Lo
que está claro que, a mayor tamaño de la organización, el riesgo a
crear una subcultura aumenta con todos los riesgos que ello conlleva,
debido a los diferentes factores psicosociales. Y es aquí donde los
departamentos de RRHH juegan un papel fundamental, ya que deben en
todo momento estar atentos a las experiencias de sus miembros para
promover cambios en la cultura organizacional y no permitir el hecho
de que se creen subculturas.

